Benjamín Chávez



City blues





Entre automóviles y autoinmóviles
como gato asustado
La niebla y su diáspora.
El nudo de tus esquinas
atrapando peces cíclicos y reincidentes.
En el vapor de un cafecito repetitivo
gasto tus horas y las mías.
Me resigno, bebo, te extraño sumido en tu centro
Magia remota y paradójica
Inevitable fatalidad del vacío.





Últimas esperanzas





Todos tenemos cara de derrota
sin que haya mediado
una formal declaración de guerra.
En este liceo pueril y anacrónico
la tarde se consume en sí misma
como un deseo fervoroso e imposible.
Bajo la higuera
expectantes
deseando sentir algo
- cualquier cosa –
presenciamos
impotentes
cómo la historia nos olvida.





Benjamín Chávez (1971, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia)

Imagen: lapatriaenlinea.com

Susan Kiguli




El curso






Derribamos los pinos
Para que las flores crezcan
Derribamos los pinos
Y cuando las sierras tocaron
La savia de
Los encumbrados árboles
Derramamos lágrimas
Pero sabíamos que las flores
Tenían que vivir
Y que los árboles tenían que moverse.
Los maderos flotan ahora sobre el río
Y la falda de la montaña está desnuda
El denso verde se fue
En su lugar hay una luz frágil.





Tus ojos





En cuanto tocamos el Aeropuerto de Harare
Tu voz llega nítida
Yo te recuerdo entregando todo lo tuyo
Diciendo después
"Tú serás mis ojos".

Me aferro calladamente a tus palabras
Inquiriéndome si mis ojos
Aunque llenos de colegio
pueden alguna vez ser como los tuyos madre!

¿Puede un pequeño diccionario
Reemplazar una enciclopedia?
Recuerdo tu risa
Ante las historias
Sobre ciudades Británicas
Y el pequeño pobre
Agitando un magazín ante mi
Un extranjero
Gritando " 'yude al sin 'ogar"
Tu observación sobre cuan grandes se hacen
los ojos en los viajes.

Tú que posees un discurso profundo
Sobre cada experiencia


¿Cómo puedo ser yo tus ojos?






Susan Kiguli (Uganda, 1969)
Traducción: Rafael Patiño Góez
Fuente: World Poetry Movement / Festival de Poesía de Medellín
Enlaces:
Imagen: Charter for Compassion

John Montague




11 Rue Daguerre





De noche, a veces, cuando no puedo dormirme
voy hasta la puerta del atelier
y huelo la tierra del jardín.

Emana suavemente,
en especial ahora cuando se acerca la primavera
y los zarcillos están rizados

sobre el humus, desesperadamente frágiles
en su pasaje por los oscuros,
irredentas parcelas de tierra.

Hay una luz blanca en los guijarros
y en el departamento de enfrente
- de cuatro pisos - silencio.

En esa quietud -delicada pero luminosamente exacta,
una luz escogida - advierto que
las puntas del cerezo injertado hace poco

son de un firme y laqueado negro.





John Montague (1929, Nueva York , EU / 2016, Niza, Francia)
Traducción: Gerardo Gambolini


11 Rue Daguerre

At night, sometimes, when I cannot sleep/ I go to the atelier door / And smell the earth of  the garden. // It exhales softly, / Especially now, approaching springtime. / When tendrils of green are plaited // Across the humus, desperately frail / In their passage against / The dark, unredeemed parcels of earth. // There is white light on the cobblestones / and in the apartment house opposite- / all four floors - silence. // In that stilness - soft but luminously exact, / a chosen light - I notice that / the tips of the lately grafted cherry-tree // are a firm and laquered black.


JOHN MONTAGUE (1929), nacido en Brooklyn, Nueva York, de padres irlandeses, creció en la granja de su tía en el Condado de Tyrone. Estudió en el St. Patrick’s College, de Armagh, y en el University College, de Dublín. Luego de vivir durante varios años en Francia se estableció en Estados Unidos, donde enseñó en varias universidades locales, entre ellas la de Berkeley. De vuelta en Irlanda se estableció en el University College, de Cork, para luego retornar a los Estados Unidos, donde es poeta residente en el New York State Writers’ Institute.
Ha publicado Forms of Exile (1958), Poisoned Lands (1961 y 1977), A Chosen Light (1967), Tides (1970), The Rough Field 1961-1971 (1972), A Slow Dance (1975), Thre Great Cloak (1978), The Dead Kingdom (1984), Mount Eagle (1988), New Selected Poems (1989), Time in Armagh (1993) y Collected Poems (1995), que incluye la colección hasta entonces inédita Border Sick Call. Como compilador es autor de The Faber Book of Irish Verse (1974). Su bibliografía se completa con las narraciones incluidas en Death of a Chieftain and Other Stories (1964), The Lost Notebook (1987) y los ensayos de The Figure in the Cave and Other Essays (1989).


Nota del Administrador: John Montague falleció en diciembre de 2016 en la ciudad de Niza, Francia

Imagen: www.shemazing.net

Alberto Santamaría



Breve historia del bodegón




La muerte toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene.
Xavier Villaurrutia

1.

Una botella sobre la mesa y junto a ella
un rollo de papel de cocina.

Valorar los vacíos que el espacio abre
en la composición visual de la página,

como si la página fuese
la superficie rectangular de un cuadro, o bien,

dedicarse a anotar las palabras, las sílabas, las letras,
todo aquello que en condiciones normales

nos haría sopesar la posibilidad
de extender la mano y decir adiós.

Una botella de plástico sobre la mesa:
la sabia mitología de un paisaje que nos contiene

y nos rechaza

con idéntica fuerza. La blanda lealtad
de estos ácaros

que se adhieren al lenguaje
sin hambre.

¿Era esta sombra un lugar
o era la arqueología de un hueco lo que nos llamaba?





2.

La botella permanece aún sobre la mesa.
Las excusas se hacen necesarias mientras la muerte
sea nuestro único tema, mientras nos contenga
hábilmente en su espejo mordido.

La lluvia, al otro lado,
transforma el paisaje
en un lugar sin ritmo.
Nos enseña el coraje de lo que carece de sorpresas.

¿Deberíamos entonces entender su posición moral en el mundo como una respuesta?
¿Deberíamos hacer algo más que repetir la exacta respiración de las cosas?




Alberto Santamaría (1976, Torrelavega, España) 
Fuente: https://revistaiman.es/2015/06/05/poemas-de-alberto-santamaria/

Imagen: salamancatvaldía.es

Entrevista a Ida Vitale


"Años después, la entonces célebre Berta Singerman recorría América con voz, brazos y manos, cabellera y ropa, todo tremolante. No sé qué me dio por ir a oírla en su aparición en el Teatro Solís, todavía no estropeado, como hoy, por la codicia y la ignorancia: por “modernizarlo” afectaron su estilo y, lo que es peor, su acústica perfecta. Resistí dos poemas. Por no perturbar el arrobo de los inocentes me escapé en puntas de pie. Así bajé la espléndida escalera. Pero casi al llegar al foyer, uno de mis tobillos, harto de mi discreción, falló y me precipitó por los tres últimos escalones. Nunca más incurrí en recitadores, excepto con Gassman. Diría que los sufro. En cambio recuerdo las buenas y discretas dicciones de Alberti o de Juan Ramón Jiménez, a Unamuno en un disco leyendo sus “Ruinas perdidas en campo”, en fin, a muchos prudentes lectores de su propia obra."


Ver reportaje completo, aquí


Quién es Enrique Casaravilla Lemos que cita Ida Vitale en la entrevista
http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/enrique-casaravilla-106.pdf

Imagen: El Norte de Castilla


María Negroni



Nocturno





nunca vi un cielo así
repleto de batallas
                a punto de ocurrir

como si hubiera una verdad
en algún sitio

o una noche diminuta
para un concierto
inmenso

no sé de otra espiral
donde mi flor oscura
se tolere

              incluso plena
              incluso abandonada








Elegía





en los reversos de esta noche
donde no estás por entero
algo está llegando
en tu lugar

un pájaro de lujo
                 colgado de su fiebre
como un signo que insistiera
           -porque hay siempre
más de una derrota-

o bien era yo misma
lo imperfecto del motivo
en el retrato

algo así
como llenar de nada
los pronombres

o decir que los ríos
nacen en el mar

nada es más real cuando lo escribo






María Negroni (1951, Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina)
Fuente: http://cantarlanada.blogspot.com.ar/

Imagen: La Voz del Interior

Cuando no encuentro nada en la red...




...que me entusiasme al extremo -desconozco el rango del entusiasmo- y que merezca presentarse en mi blog, publico un texto mío. Que no lo merece, pero yo soy el administrador y dispongo lo que quiero, aunque estallen desacuerdos.


Vistazo rápido sobre mi estado de ánimo

el rosa desvaído
limitado entre un cielo seco
y los escasos centímetros de un estanque
del Jardín Zoológico,

El reluciente tordo vs el rosa diluído
destinado a parecer 
el rosa de los flamencos.

- Mirá quién habla, dice el rosa.


(La próxima vez intentaré mejorar la puntería)

Milo de Angelis




Viene la primera





''Oh si tú comprendieras: 
quien sufre
quien sufre no es profundo.
Suburbios de Milán. Verano.Ya
hay poca agua en el río, el kiosco está cerrado. 
"Cambia, no esperes más": 
Cerca del muro sólo hay algunos coches.
No pasa nadie. Nos quedamos sentados
sobre el parapeto ''Quizás aún puedas
llegar a ser solo, puedas
sentir aún sin pagar, puedas entrar
en una profundidad que no
conmemora: no esperes a nadie
no me esperes, si sufro, no me esperes.
Y miramos fijo el agua oscura, este viento tenue
que la mueve
y le da pequeñas vetas, como una madera. 
Me toca el rostro. 
¿Cuándo vas a salir, cuando no tengas
alternativas? No te aferres, acepta
acepta
perder algo





Otros poemas de Milo de Angelis, aquí

Imagen: alchetron



Viene la prima


"Oh se tu capissi:
chi soffre chi soffre
non è profondo
Sobborghi di Milano. Estate. Ormai
c'è poca acqua nel fiume, l'edicola è chiusa. 
Cambia, non aspettare più 
Vicino al muro c'è solo qualche macchina.
Non passa nessuno.
Restiamo seduti sopra il parapetto "Forse puoi ancora
diventare solo, puoi ancora sentire senza pagare, puoi entrare
in una profondità che non
commemora: non aspettare nessuno
non aspettarmi, se soffro, non aspettarmi
E fissiamo l'acqua scura, questo poco vento
che la muove
e le dà piccole venature, come un legno. 
Mi tocca il viso. 
Quando uscirai, quando non avrai
alternative? Non aggrapparti, accetta
accetta
di perdere qualcosa". 



Traducción: Javier Barreiro Cavestany

Diego Brando





Durante el día, el cielo 
cambió de colores. 
Parado en medio del patio, 
observé cómo el celeste 
se convirtió en negro 
y de qué manera los truenos 
y los relámpagos 
amenazaron la tarde. 
Soy un centinela que vela 
por su tierra y por sus plantas. 
Cuando cae granizo 
corro hacia lo salvable, 
las plantas en macetas. 
Cuando la furia pasa 
presto atención a la estrelicia 
y al aromo, los sobrevivientes. 
Entro y salgo de casa, nunca descanso. 
Aunque debo reconocer que a veces 
me imagino flameando al cielo 
un banderín blanco. 





Diego Brando (1987, Leones, Provincia de Córdoba, Argentina)
De: "Frontera", Vilnius, 2016

El aromo deja 
una hoja más 
en la oscuridad 
de la mañana. 
¿Puede discernir 
quien contempla 
entre el cielo 
y el suelo 
correctamente? 
Mis ojos recorren 
la posible línea 
de separación, 
tratan de percibirla 
y de trazarla. 
La madrugada 
puede ser eso: 
una hoja que cae, 
alguien 
que intenta comprenderla.