18/9/2014

Señalador




...Las aguerridas muchachas en el café Sacré-Coeur
golpean sus copas de vino sobre la mesa
gritando Danton triunfó habiendo negado la libertad
mientras  el camarero exige el triunfo de Murat sobre todo lo que triunfa.
Los bombardeados argelinos se miran unos a otros los dientes en llamas...



Imagen: en.wikipedia.org







...Cuando subí a la habitación, el viejo me dijo:
“Acaban de robarme, nos quedamos sin nada”.


Supe que no era verdad, porque mi padre
está muerto, y lo veía joven y flaco,
demasiado parecido a mí...




Imagen: www.aromito.blogspot.com







16/9/2014

Yusef Komunyakaa



Creer en el acero





Las colinas que mis hermanos y yo creamos
nunca encontraron su balance, y les tomó años
descubrir cómo funcionaba el mundo.
Podemos mirar un árbol de mirlos
y decir cuántos de ellos habitaron sus ramas,
pero con el chatarrero
nunca resultaron nuestras cuentas.
Semanas de levantarse y gruñir
nunca sirvieron de mucho,
pero no podíamos dejar
de creer en el acero.
Camiones y carros abandonados
yacían sujetos al suelo
por sólidos y nostálgicos racimos de uvas,
fuertes como una docena de aparceros.
Retornamos con nuestro carretillo
que se quejaba bajo una nueva carga,
pues vivían mejor los lirios
en su lánguida tierra de Agosto.

Entre botellas y papeles,
el humo de la fundición borró los atardeceres,
y no podíamos creer que el acero
inclinara a los hombres tan cerca de la tierra,
como si el mineral 
bajo su aliento
se trajera abajo el cielo gris. 
A veces sueño cómo nuestras colinas
se hunden en un océano de metal,
cómo todo se convierte en ancla
de un barco de guerra o de un bombardero,
sobre los árboles en flor,
demasiado rojos para mirarlos.





Otros poemas de Yusef Komunyakaa, aquí
Versión: Gustavo Solárzano Alfaro

Imagen: www.styleweekly.com



Believing in Iron



The hills my brothers & I created
Never balanced, & it took years
To discover how the world worked.
We could look at a tree of blackbirds
& tell you how many were there,
But with the scrap dealer 
Our math was always off.
Weeks of lifting & grunting 
Never added up to much,
But we couldn‘t stop
Believing in iron.
Abandoned trucks & cars 
Were held to the ground
By thick, nostalgic fingers of vines
Strong as a dozen sharecroppers.
We‘d return with our wheelbarrow
Groaning under a new load,
Yet tiger lilies lived better

In their languid, August domain.
Among paper & Coke bottles
Foundry smoke erased sunsets,
& we couldn‘t believe iron
Left men bent so close to the earth
As if the ore under their breath
Weighed down the gray sky.
Sometimes I dreamt how our hills
Washed into a sea of metal,
How it all became an anchor
For a warship or bomber
Out over trees with blooms
Too red to look at.



13/9/2014

Andi Nachon



Soy buena copiloto, aunque no lea mapas y pasen
los carteles a la velocidad de la luz
nunca me duermo ni dejo solo
al conductor con su magia
en avanzada constante. Soy
buena copiloto y ya: desde los cuatro lo sé y cada 
viaje o este único
largo viaje interminable
con su movimiento marcan
su propia realidad. Cuando fui chica la familia
nucleaba en su chevy naranja
el terror de la huida. Ahora


como toda copiloto sé
no hay viaje sin fuga y nada hay 
que no haya 
empezado en algún dolor.





Otros poemas de Andi Nachon, aquí
De: "La III Guerra Mundial", Bajo la luna, 2013
Fuente: www.bajolaluna.com

Imagen: www.festivalpoesiabsas.wordpress.com



Jaime Gil de Biedma
















Idilio en el café





Ahora me pregunto si es que toda la vida
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
la mano ante los ojos —qué latido
de la sangre en los párpados— y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.

No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,
rostros vagos nadando como en un agua pálida,
éstos aquí sentados, con ojos vivientes?
La tarde nos empuja a ciertos bares
o entre cansados hombres en pijama.

Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio
arriba, más arriba, mucho más que las luces
que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.
Queda también silencio entre nosotros,
silencio
              y este beso igual que un largo túnel





Contra Jaime Gil de Biedma





De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colemena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!





Jaime Gil de Biedma (1929 / 1990, Barcelona, España)
Fuente: http://www.poesi.as/Jaime_Gil_de_Biedma.htm

Imagen: www.forega.net
Entre las ruinas de mi inteligencia, por Juan Forn

La Compañía General de Tabacos de las Filipinas fue la última gran empresa colonial hispánica y la primera multinacional española. Su secretario, entre 1950 y 1990, fue un homosexual alcohólico, sifilítico y fugazmente comunista que, además, fue el mejor poeta de su época. Se llamaba Jaime Gil de Biedma. Sólo escribió 87 poemas en toda su vida y en breve voy a contarles cómo los escribió. Pero no fue por esos poemas que nunca lo echaron de la Compañía, sino porque cada mañana de esos cuarenta años se presentó en la oficina a trabajar impecable como un señorito inglés, aunque viniera de encanallarse toda la noche por los bajos fondos de Manila, Barcelona, Hong Kong, Nueva York o Moscú.
Cuando Jaime Gil de Biedma nació le pusieron el nombre del hermanito mayor, que acababa de morir. Cuando le confesó a su profesor preferido en la secundaria que estaba enamorado de un muchacho de su curso, el profesor le recomendó escribir versos para purgarse (“Empieza por los sonetos, que son los más jodidos”). Cuando intentó ingresar en una célula comunista clandestina de Barcelona, fundamentó así su ideología: “Nuestra obligación contra el régimen y contra esta España opresiva y gris es la felicidad”. Logró sortear el suicidio, a los treinta años, escribiendo un poema titulado “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”, donde habla póstumamente de sí mismo (“De los dos eras tú quien mejor escribía. / Aunque acaso fui yo quien te enseñó / a vengarte de mis sueños / por cobardía, corrompiéndolos”) y después dejó de escribir, aunque vivió otros treinta años, fiel hasta el final a su personaje: lo único que le importaba, cuando estaba agonizando de sida en 1990, era no morirse antes que su madre, para que ella no se enterara por los diarios de que su hijo era homosexual. La anciana dama de noventa años era la única que no lo sabía en toda Barcelona.
Era, también, la única que no se sabía de memoria alguno de sus poemas, porque ése fue el raro privilegio que tuvo Gil de Biedma, cuando ya no escribía más: ver cómo sus versos se colaban en el habla cotidiana de su tiempo. El lo tomaba como una consecuencia natural, decía que todo lo que suena bien se fija en algún lugar de nuestra memoria, que la poesía es esencialmente oído, aunque parezca asunto de emoción o inteligencia. “El poema es un organismo acústico. Hay que leerlo de corrido, no deteniéndose línea por línea. Y, en lo posible, en voz alta. Hasta que se inventó la imprenta, la sensibilidad literaria era auditiva: uno entendía mejor si leía en voz alta que si leía en silencio. Y en poesía sigue siendo así. Cuando lees un poema, lo que importa no es entenderlo; lo que importa es que te guste. Si te gusta, ya entenderás cada cosa que haya que comprender en él. En un buen poema no se puede distinguir entre emoción e inteligencia”.
Su manera de escribir era fiel a esta convicción: componía sus versos mentalmente; cuando creía haber redondeado una estrofa se sentaba a escribirla de un tirón; después tiraba el papel y durante días iba recomponiendo la estrofa en su cabeza, “contando con que el olvido me ayude a eliminar lo que sobra”, hasta que se sentaba a escribir lo que conservaba su memoria. Y así estrofa por estrofa, todas las veces que fuesen necesarias. Ese proceso mental de pulido del poema tenía lugar mientras él se dedicaba a “las tareas mundanas normales” como afeitarse, manejar el auto, trabajar, pasar por el supermercado a reponer la provisión de vodka o ir y venir en avión a las Filipinas (cuarenta y siete horas, en los buenos tiempos: Barcelona-Roma-Tel Aviv-Teherán-Calcuta-Karachi-Saigón-Bangkok-Manila). Gil de Biedma sostuvo siempre que la poesía es una actividad eminentemente gratuita (“Nadie te lo paga, nadie te lo pide, nadie te lo cobra. Tu única obligación es evitar que el lector te haga la terrible pregunta: ¿Para qué coño has escrito esto?”), que el poeta no tiene más sensibilidad que el resto de los mortales, sólo aprende a tenerla disponible, y que escribir y leer un poema son dos actividades que nada tienen que ver una con otra (“Poesía es lo que el lector experimenta leyendo el poema, no lo que le ocurre al poeta mientras escribe. Todo lo que hay en la lectura de un poema no existe al escribirlo”).
Todas estas cosas las dijo en conversaciones, cuando ya no escribía y no sabía en dónde acomodar su mente brillante, y por suerte alguien tuvo la idea de reunir todas esas conversaciones en libro, un libro no muy grueso, que por esas casualidades de la vida tiene la misma cantidad de páginas que su obra poética completa, como si fuera su reflejo, su hermano gemelo. Cuando le preguntan, en ese libro, por qué no escribe más (y se lo preguntaron infinidad de veces en sus últimos veinte años de vida), contesta que la poesía lo había salvado del suicidio, pero no sirvió para salvarlo de la temida mediana edad, de la madurez. “Cuando uno es joven y empieza a escribir poesía, se pone cachondo con las palabras y está convencido de que lo que le está pasando no le pasa a nadie más en el mundo. Lo que sucede en realidad es que de joven te interesa lo que te parece único en ti, lo que te diferencia. En cambio, con el tiempo cada vez te vas interesando más en lo que tienes de genérico, en lo que tienes de común con los demás. Con el tiempo descubres que lo que te ha pasado a ti es lo que le ha pasado a todo el mundo. Y te preguntas: ¿por qué escribir? Si lo normal es leer”.
En ese libro dice que, si hubiera venido al mundo con los mismos defectos pero con menos cualidades, habría funcionado mucho mejor. En ese libro cuenta que el hombre al que más amó lo dejó por una mujer y que la única mujer que pudo amar lo dejó por un hombre. En ese libro dice que le gustaría ser recordado como el último poeta que montó regularmente a caballo y cuenta que cuando, ya cuarentón, le confesó a su padre que era homosexual, éste contestó: “Me haces desgraciado”. ¿Por ser maricón?, preguntó el hijo. “No, porque yo he dicho siempre la verdad y desde ahora estaré obligado a mentir por ti”, contestó el padre, y eso hizo, durante los veinte años siguientes, cada vez que su esposa se preguntaba en voz alta cuándo sentaría cabeza su Jaimito y se casara de una vez.
El niño Jaime logró sobrevivir unos días a la muerte de su madre y así ahorrarle un último disgusto. Aunque yo creo que a la anciana dama le habría gustado ver ese contingente de monjitas filipinas que se presentó espontáneamente al entierro de su hijo. Todo secretario de la Compañía de Tabacos era, a la vez, cónsul honorario de ese país en Barcelona; las monjitas cumplían un mero papel protocolar en el cementerio y se retiraron en silencio luego de que se leyera un poema del difunto que fue la única oración fúnebre de la ceremonia y su perfecto epitafio: “En un viejo país ineficiente, / algo así como España entre dos guerras, / en un pueblo junto al mar, / poseer una casa y poca hacienda / y memoria ninguna. / Y no leer, / no sufrir, no escribir, / no pagar cuentas, / vivir como un noble arruinado / entre las ruinas de mi inteligencia”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-255109-2014-09-12.html




11/9/2014

Batania




Mi único castillo posible deberá ser en el aire





De nuevo en sus diarios
lucen garzas reales
con las plumas bien peinadas.

(El edificio más alto de mi ciudad es el BBVA).


De nuevo

José Luis Rodríguez Rajoy
actúa con Mariano Zapatero;
tres dromellos y dos camedarios
se citan tras la puerta.

(Mi jefe se llama Jorge y no sabe quién es Balzac).


Las chicas estrenan bigote Abanderado,

los chicos se pintan labios de aguja,
y un niño sin ojos me explica en Antón Martín
la teoría de la relatividad.

(Pero basta de teorías, Natalia, pasemos a los besos).

Para más desgracia y pontevedra,
en la biblioteca de Retiro,
a pesar de mis quejas blancas,
la sección de poesía
sigue pegada a la de teatro.

(Mi único castillo posible deberá ser en el aire).




Otros poemas de Batania, aquí
Fuente: http://batania.blogspot.com.ar/

Imagen: www.elultimocero.com


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8/9/2014

Nuno Júdice

Composición con botellas y flores





La transparencia de la botella pasa al fondo de la tela,
donde la luz transporta una impresión de agua. Puedo
vaciarla por el gollete del poema, y ver cómo las
palabras quedan limpias de su opacidad, hasta
poder, a través de ellas, mirar las cosas en su nitidez
más pura. Pero es apenas una botella, puesta
en la mesa, reducida a la expresión más simple
de sus vocales y consonantes, de donde saco una
elocución líquida hasta que el fondo quede seco. Vacía,
es una pieza decorativa que puedo colmar de
argumentos, como plantas, para que las ramas
de la frase se abran sobre la lógica de la mesa. El
vidrio sobrevive, y sólo la lógica, que me obligó
a sustituir el agua por flores de retórica,
marchita, contra la pared, donde la
humedad rasgó la pintura, dejando a la vista
el yeso de los adverbios y la madera podrida
de las conjunciones, en un realismo de naturaleza muerta.





La veranda de Julieta





Una vez entré en verona para no entrar
a venecia. Entre la vé de verona y la vé
de venecia, me decidí por ververona. Me gustó
la coincidencia de las consonantes en la ventana
de julieta ; y sé que en venecia no oiría
el viento de la venganza, ni probaría el veneno
de una voluptuosidad que en verona se
desvanece con la vida. No hay canales en
verona como en venecia; ni hay ventanas
en venecia como en verona; pero julieta
avizora la calle, desde la ventana que es suya, y
si nadie hace la seña, que sólo ella sabe, agita
el pañuelo mojado por las lágrimas que las
nubes beben, elevándolas desde verona hasta
venecia, donde la lluvia las lanza a los canales.




Nuno Júdice (1949, Mexilhoeira Grande, Algarve, Portugal)
Traducción: Marco Antonio Campos
Fuente: http://circulodepoesia.com/2014/08/poesia-portuguesa-nuno-judice/

Imagen: www.cultura.elpais.com/babelia.html





COMPOSIÇÃO COM GARRAFA E FLORES


A transparência da garrafa passa para o fundo da tela,
onde a luz transporta uma impressão de água. Posso
despejá-la pelo gargalo do poema, e ver como as
palavras ficam limpas da sua opacidade, até se
poder, através delas, olhar as coisas com a sua mais
pura nitidez. Mas é apenas uma garrafa, pousada
no tampo, reduzida à expressão mais simples
das suas vogais e consoantes, de onde tiro uma
elocução líquida até o fundo ficar seco. Vazia,
é uma peça decorativa que posso encher de
argumentos, como plantas, para que os ramos
da frase se abram sobre a lógica da mesa. O
vidro sobrevive; e só a lógica, que me obrigou
a substituir a água por flores de retórica,
murcha de encontro à parede, onde a
humidade rasgou a pintura, deixando à vista
o gesso dos advérbios e a madeira podre
das conjunções, num realismo de natureza morta.



A VARANDA DE JULIETA


Uma vez, entrei em verona para não entrar
em veneza. Entre o vê de verona e o vê
de veneza optei por ver verona. Gostei da
coincidência das consoantes na janela
de julieta; e sei que em veneza não ouviria
o vento da vingança, nem provaria o veneno
de uma volúpia que só em verona se
desvanece com a vida. Não há canais em
verona, como em veneza; nem há janelas
em veneza, como em verona; mas julieta
espreita a rua, da janela que é sua, e se
ninguém diz a senha que só ela sabe, agita
o lenço molhado pelas lágrimas que as
nuvens bebem, levando-as de verona até
veneza, onde a chuva as deita nos canais.


6/9/2014

Indran Amirthanayagam




Un fracaso, una mariposa





Cuando Nicanor me invitó 
a cenar ostiones y tomar 
cabernet en su casa de madera 
en la Reina conversamos 

en aquel 1995 de su visita 
a Nueva Delhi y su apego 
a la idea hinduista
de dejar los lazos: familia, 

bienes, sexo, y caminar, 
un mendigo, por las calles 
antes de llegar al bosque 
para esperar el aleteo 

de la mariposa, su luz 
enceguecedera. Diez 
años despues, otra visita 
al poeta, esta vez 

en Las Cruces, 
ante el oceáno,
y me pidió que leyera
Antonin Artaud sobre

lo absurdo 
en la vida moderna.
Otra vez nos acordamos 
de la mariposa. Cuatro

años mas tarde, me dijo
que le acompañara a su estudio
en el jardin al lado de la casa,
mi unico camino ahora, 

y viendo un poemario mio
en su estante me comentó
que le encantó el titulo
El infierno de los pájaros.

Llega ahora la noticia
que le ha otorgado
el premio Cervantes. 
A sus 97 años pienso

si va romper con 
su camino de 
costumbre y tomar 
el avión a Madrid. 

Artaud debe tener 
respuesta, o el mendigo 
Hindu, o nadie. 
Me dibujó

un regalo aquella 
primera vez. Dice 
el lema. Cada uno 
fracasa a su manera.





Indran Amirthanayagam (1960, Colombo, Sri Lanka)
Fuente: http://indranamirthanayagam.blogspot.com.ar/

Imagen: www.article.wn.com



5/9/2014

Laura Wittner




Analgesia


(Eliminación reversible de la sensación de dolor)





Los perros a la entrada del taller mecánico
se frotan contra la pared tibia
panza arriba con las patas abiertas a la luz
y el pelaje áspero de grasa.
No tenemos plata pero tenemos tiempo
y a veces se consigue (en verano
particularmente)
que ese tiempo pase
plácido.





Una mirada de adiós desde el tren en marcha






Una mirada de adiós desde el tren en marcha
querría ser una mirada especial
y es como todas, este lugar que ocupamos
ahora, vacío de nosotros,
inicia el movimiento de retroceso
de replegarse en la memoria
para al mismo tiempo molestar
dando la señal de que
seguirá existiendo,
otros habitantes lo recorrerán
como a alguien que quisimos
y el paisaje se irá modificando,
el recuerdo entonces cada vez más inexacto
no por desgaste
sino porque el original va a cambiar.
Lo último que veas
será también lo primero que veas
cuando regreses
(you are leaving Las Pirquitas we are already missing you).
Por otra parte siempre hemos vivido en esta ciudad

y cuando un domingo pasamos junto a barcos varados
y puentes color óxido,
y al bajar del auto vemos que el río
es algo negro, espeso,
destilando burbujas entre manchas claras
como salivazos en expansión
(“se ha formado sobre el agua una capa anaeróbica
donde criaturas impensables
se desarrollan y existen sin oxígeno”)
entonces no hay pena por el lugar lejano
ni gestos significativos en la última mirada
sería inútil si no hay límites
para entrar o salir.






De: El pasillo del tren, Trompa de Falopo, 1996 
Fuente: http://www.poesiaargentina.com/ebooks.php?lit=W
Otros poemas de Laura Wittner, aquí

Imagen: Facebook (Latinale, 2013)