Monika Rinck



Charco





.

dice él: el sufrimiento es un charco.
digo yo: sí, el sufrimiento es un charco.
porque el sufrimiento yace en una cuenca
atravesado por peces y huele mal.
dice él: y la culpa es un charco.
digo yo: sí, la culpa también charco.
porque la culpa se derrama en una depresión
y alcanza la axila elongada
de mi brazo que se extiende hacia arriba.
dice él: la mentira es un charco.
digo yo: sí, la mentira del mismo modo charco.
porque en verano por las noches se puede
hacer un picnic en las orillas de la mentira
y allí siempre se queda algo olvidado.






Traducción: Cecilia Pavón



teenage winter again 






en invierno en new haven en un banco del big green,

horas cercadas de iglesias, cómo no nos helamos, sí que nos helamos, este anhelo del sur,
y en cambio qué rotunda claridad la del acuerdo en que eso no es posible. la temperatura, el frío nos afectaba como habría de afectar a un animal — no cabía pensar en ninguna otra cosa.
pero éramos personas, y pensamos: melancolía
y teníamos razón, habíamos vuelto a perder.




cejas





leo que así de grande fue una vez el área conocida por ceja. cuelgo un cartel y espero.

he visto a la ceja volverse campo. su caza furtiva. que no era nada comparado al insomnio batido
en que nuestras pestañas nunca se cerraban
y el ojo de escarabajo miraba y miraba y miraba. sólo que era la piel bajo los ojos, que todo
lo mostraba, preocuparse por sí, por este rostro que aún tenemos, en todas las mañanas por llegar.





Traducción: Ibon Zubiaur


Ganadora del premio Kleist, Monika Rinck es una voz indiscutible de la poesía alemana contemporánea. En septiembre, la poeta participará del Festival Internacional de Poesía de Rosario invitada por el Goethe-Institut. También traductora, antes conversará en Buenos Aires sobre poesía y traducción con Silvana Franzetti y Jorge Fondebrider.

Literatura

21, 23 y 24/09/2016
Biblioteca del Goethe-Institut Buenos Aires (Av. Corrientes 343) y Festival Internacional de Poesía de Rosario
Monika Rinck
“Imagínese que usted entendiera todo de inmediato…”, inquiere Monika Rinck en el tono apelativo que atraviesa su último libro de ensayos en torno a la relevancia de la poesía como género. A falta de resistencia propia o por parte del poema, el lector debería aceptar de antemano la pérdida de toda posibilidad de asombro y sorpresa. Risiko und Idiotie [Riesgo e idiotez] es en efecto un muy poético volumen de “escritos polémicos”, en el que la autora alemana se ve impelida a defender la existencia misma del poema (por más incomprensible que pudiera parecer, o justamente por eso). “Ocuparse de poemas no le va a quitar tiempo”, exhorta Rinck. Todo lo contrario, la lectura del poema más bien devuelve al lector al proceso de pensamiento.

Ganadora en 2015 del premio Heinrich von Kleist (el importante galardón literario en lengua alemana que también ganaron figuras como Bertolt Brecht, Heiner Müller, Ernst Jandl, Alexander Kluge, Ferdinand von Schirach o Katja Lange-Müller), Monika Rinck es hoy una de las voces indiscutibles de la poesía alemana contemporánea. Además de escribir, la poeta traduce del húngaro en dupla con Orsolya Kalàsz, lleva adelante proyectos de cooperación con músicos y compositores y, “de vez en cuando” –dice–, enseña en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Rinck  nació en 1969 en Zweibrücken, estudió literatura comparada, filología alemana y estudios de la religión en Bochum, en Berlín y en la Universidad de Yale New Haven, y hoy vive en la capital alemana. Prolífica escritora, desde 1989 viene publicando en diferentes editoriales, últimamente en kookbooks, la diva entre las editoriales independientes de Alemania. Honigprotokolle [Protocolos de la miel] es su último libro de poesía, que fue publicado por kookbooks en 2012 y recibió el premio Huchel. En 2015, la misma editorial publicó Risiko und Idiotie. Varios de los poemas de Monika Rinck pueden leerse además en distintos idiomas en el sitio Lyrikline. Multipremiada, Rinck es miembro del PEN Club, de la Academia de las Artes de Berlín y de la Academia Alemana de Lengua y Poesía.


En su segunda visita a la Argentina de la mano del Goethe-Institut, Monika Rinck participará del Festival Internacional de Poesía de Rosario, donde presentará poemas traducidos por la poeta y traductora argentina Silvana Franzetti y por Carlos Capella, poeta y diseñador argentino que vive actualmente en Berlín. Antes, Rinck será parte en Buenos Aires de uno de los encuentros abiertos del Club de Traductores Literarios coordinado por Jorge Fondebrider en la biblioteca del Goethe-Institut. Hablarán sobre el poema, y sobre traducción.


Actividades de Monika Rinck en Buenos Aires y en Rosario


►Poetas que traducen poetas

Monika Rinck en diálogo con Silvana Franzetti y Jorge Fondebrider
Miércoles 21 de septiembre de 2016 a las 19 h. El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires en la biblioteca del Goethe-Institut, Av. Corrientes 343. Entrada libre y gratuita.

►Monika Rinck en el Festival Internacional de Poesía de Rosario
Monika Rinck presentará poemas traducidos por Silvana Franzetti y Carlos Capella.
Viernes 23 y sábado 24 de septiembre de 2016. Más información próximamente en el sitio web del festival, http://www.fipr.com.ar/2
016/

Fuente: Goethe Institut

Imagen: rbb-online.de

Enrique Molina




Sin ninguna duda





Los pasos se repiten sobre sí mismos y retumban tristemente en la oscurudad.
Las copas se han llenado de piedras.
¿Y quién cierra la puerta? Los escaparates
exhiben sólo pájaros muertos y diarios de otro siglo.

La ronca sirena de los barcos silba en el alma con el amanecer de las antípodas
pero apenas retumba en la cueva de la rata.
Siempre el mismo lugar, la misma lágrima.
Rostros que reflejan nada, mientras baila el verano y alguien vela
       por ti sin saber para qué ni hasta cuándo.

¿Que te detiene en estos días perseguidos si no poderes del fondo de la 
       tierra...?
Una venda sin fin que todo lo envuelve a manera de una momia.
La hija preferida de la lluvia, tan lejana, te abre los brazos y puede
       amarte, pero jamás alcanzarás sus labios.

Siempre temblarás en el viento susurrante que acuna el deseo, ante 
      la total belleza cegadora que asoma tras las cosas.



Otros poemas de Enrique Molina, aquí

Imagen: gacetamercantil.com


Señalador



Louise Glück / Revista Crítica


Caballo





¿Qué te da el caballo
que no puedo darte yo?

Te observo cuando crees estar solo,
y cabalgas en el campo, detrás de la cuadra
con tus manos hundidas
en las oscuras crines de la yegua.

Conozco entonces lo que yace detrás de tu silencio:
tu desprecio, tu odio por mí, por nuestro matrimonio.
Y aún así pides mis caricias. Lloras
como lloran las novias, pero te observo
y noto que no hay pajecitos a tu alrededor.
Entonces ¿qué hay en ti?

Nada, pienso. Sólo la prisa
por morir antes que yo.

En un sueño te he visto cabalgar
sobre los campos arrasados. Luego
desmontas; caballo y tú caminan juntos
en la oscuridad, sin sombras.
Y yo sentía las sombras venir hacia mí
—ellas, dueñas de su albedrío por la noche,
pueden ir a cualquier parte.

Mírame. ¿Crees que no lo entiendo?
¿Qué cosa es el caballo
sino un pasaje fuera de esta vida?





El fuego





Si hubieras muerto cuando estábamos juntos
no hubiera querido nada de ti.
Ahora te pienso como si hubieras muerto, es mejor.

A menudo, en las frescas tardes de primavera
cuando, con los primeros brotes,
entra al mundo todo lo que es mortal,
encendía una fogata para los dos,
con ramas de pino y manzano. Una y otra vez
las llamas disminuyen, relumbran
mientras cae la noche y podemos
vernos uno al otro con claridad.

Durante el día nos contentamos,
como antes,
con la hierba alta,
con las verdes puertas de madera y las sombras.

Y tú nunca dices
“déjame”
—a los muertos no les gusta estar solos.




Versiónes: Jorge Esquinca
Otros poemas de Louise Glück, aquí

Imagen: barclayagency.com

Gerardo Gambolini




Nayib Chammás




Según un tatuaje del brazo, en 1881
nació en Líbano, en Amioun,
hijo de Abraham y Futín.
A los 14 años se fue a Pensilvania, Pittsburgh y Filadelfia
y otras ciudades
a vender peines, tabaco, botones y baratijas a los mineros.
Luego discutió con sus hermanos, dejó el dinero
y comenzó la vuelta.
Anduvo por Budapest, en el reino de Hungría,
Praga y Varsovia que eran pobres,
burgos y villas con los primeros humos de la centuria
y aldeas atadas al borde de los caminos, como cruces
pecados
o el mirar de los viejos;
tarde o temprano, hijas todas de la guerra.
Más años pasaron
y en Arabia
se unió con Ada, de quince, en invierno.
Llegaron a Guadalupe y tuvo negocio,
una quinta y ocho hijos
—algunos mejores que otros—
tres varones y cinco mujeres. Una de ellas fue mi madre.
En 1913
Santa Fe volvió a inundarse hasta la quiebra de los comercios.
Se levantó y se hundió más veces, y terminó hundido.
Siempre pasaron los años;
luego comenzaron a morir: Ada, mi abuela; Antonio, mi tío; Magda,
y mi madre.
En Buenos Aires por fin,
todavía fascinado por América,
flaco y recordando a su mujer murió en brazos de mi tía.
Noventa y seis veces llegó a ver el cambio de estaciones,
y si Dios no existe, su paso por la historia o la tierra
habrá sido en poco tiempo una mentira, lo que una gota
como siempre, es en el fondo de un río despiadado,
o ni siquiera, inconmovible.






De: "Faro vacio", Buenos Aires,1983

Otros poemas y enlaces sobre Gerardo Gambolini, aquí

Imagen: f

Eugenio Montale



Delta





La vida que se gasta en los trasiegos
secretos he ligado a ti:
ésa que se debate en sí y parece
casi que no te sabe, presencia sofocada.

Cuando el tiempo se atasca en sus rompeolas
tu acaso al suyo inmenso reconcilias,
y afloras más precisa, memoria, de la oscura
región donde bajabas, como ahora
al escampar se espesa
el verde en los ramajes, el bermejo en los muros.

Todo ignoro de ti, sino el mensaje
mudo que me sustenta en el camino:
si existes, forma, o escrúpulo en el humo
de un sueño te alimenta
y la costa que se afiebra -turba- y contra
la marea crepita.

Nada de ti en el vacilar de horas
grises o desgarradas por un lampo de azufre
sino el silbido del remolcador
que de las brumas llega al golfo.



Otros poemas de Eugenio Montale, aquí
Versión: Armando Uribe

Imagen: carlacerati.com

Antología El poeta ocasional

Entre los incontables y brillantes autores incluidos en este blog, los poetas aquí enumerados representan mis gustos personales. Por su condición virtual es una antología en permanente expansión, sin clasificaciones de época ni movimientos literarios.



Louise Glück



Semejanza final





La  última vez  que vi a mi padre  ambos hicimos lo mismo.
El estaba parado en la puerta de su habitación,
esperando que yo acabase de hablar por teléfono.
Que él no estuviera pendiente a su reloj
era una señal de que quería conversar.

Conversar para nosotros siempre significó lo mismo.
El decía algunas palabras, yo decía unas de vuelta.   
Y en eso consistía. 

Casi terminaba agosto, hacía mucho calor, mucha humedad.
Al lado los trabajadores arrojaban gravilla fresca  en la marquesina.

Mi padre y yo evitábamos estar solos;
No lográbamos conectarnos, hablar por hablar.
Era como si no existieran
otras posibilidades.
Así que esta era especial: cuando un hombre se esta muriendo,
hay de que hablar.    

Debe haber sido temprano en la mañana. De un lado a otro de la calle
los aspersores empezaron a funcionar. El camión del jardinero
apareció al final de la cuadra
hasta que se detuvo para estacionarse.

Mi padre quería contarme cómo era eso de morirse.
Dijo que no estaba sufriendo.
Dijo que se había quedado esperando el dolor, aguardando, pero nunca vino.
Lo único que sentía era una especie de debilidad.
Le dije lo mucho que me alegraba, que me parecía que tenía suerte.  
Algunos de los maridos se subían a sus carros para ir al trabajo.
No gente que conociéramos. Nuevas familias,
familias con niños pequeños.
Las amas de casa se paraban en la marquesina,  gritando o haciendo ademanes. 

Nos dijimos adiós como acostumbrábamos,
Sin abrazarnos, nada dramático.
Cuando el taxi vino, mis padres lo observaron desde la entrada,
Agarrados de las manos, mi mamá tirando besos como suele hacer,
ya que le molesta cuando una mano no se  está usando.
Pero por primera vez, mi padre no sólo se quedó parado ahí.
Esta vez saludó. 

Eso mismo hice yo en la puerta del taxi.
Como él, saludé para esconder el temblor de mi mano.





Traducción: Frank Báez
Otros poemas de Louise Glück, aquí

Fuente: www.revistapingpong.org

Imagen: achievement. org

Fernando Pessoa






Poema en línea recta 



Aún no he conocido a nadie que hayan molido a palos. Todos mis conocidos han sido campeones de todo. 

Y yo, tantas veces despreciable, tantas veces inmundo, tantas veces vil, Yo, tantas veces innegablemente parásito, 

Imperdonablemente sucio, 

Yo, que tantas veces no he tenido la paciencia de bañarme, Yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo, 

Yo, que he dado públicos traspiés en las alfombras de etiqueta, Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante, 

Que he sufrido ofensas y he callado, 

Y que cuando no he callado todavía he sido más ridículo: 


 Yo, que les he parecido risible a las camareras de hotel, Yo, que he advertido guiños entre los mozos de cuerda, 

Yo, que he hecho picardías financieras y he pedido prestado sin pagar, Yo, que a la hora del puñetazo lo he esquivado 

Agachándome hasta más debajo de donde era posible el puñetazo; Yo, que he padecido la angustia de las pequeñas cosas ridículas, Yo compruebo que en todas esas cosas no tengo par en el mundo. 

Todos los hombres que conozco y me dirigen la palabra Jamás han tenido un acto ridículo, jamás han sido ultrajados, 

Jamás han dejado de ser príncipes – todos ellos príncipes – de la vida... 

Ojalá pudiese oír la voz humana de alguien Que confesara no un pecado, sino una infamia, Que contara no una violencia, sino una cobardía. No, todos son el Ideal si les oigo y me hablan. 

Es tan vasto mundo, ¿no habrá quien confiese que ha sido vil alguna vez? ¡Oh príncipes, hermanos míos, 

ya estoy harto de los semidioses! 

¿Es que no hay seres humanos en el mundo? ¿Seré acaso el único ser vil y equivocado de la tierra? 

Podrán no haberles amado las mujeres, Podrán haberles traicionado – pero ridículos, ¡nunca! 

Y yo, que he sido ridículo sin que me hayan traicionado ¿cómo voy a hablar con esos superiores míos sin titubear? Yo, que he sido vil, literalmente vil, 

Vil en el sentido mezquino e infame de la vileza. 





Otros poemas de Fernando Pessoa, aquí

Imagen: old.nvinoticias.com


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