30/8/2014

Sin título




las luces de los reflectores del viaducto se alejan
por ley natural
cuando me distancio.

El país se aleja
atascado donde estoy.
O visto desde otra perspectiva,
avanzo con la nuca al frente
en este viaje que repito hace décadas
para llegar a una orilla,
a un bibliorato.

El país a lo lejos
me reduce a la calle de mi barrio
y al breve camuflaje de poeta chino
para ver el zorzal en la rama,
un destino natural,
sin que duela algún extravío.



® Pedro Donangelo


Imagen: René Magritte

Milo de Angelis




A veces, al regresar, encuentra la ira de los muertos,
el desconcierto pálido de las calles que una vez 
fueron nuestras y les dimos las gracias, fueron escalofrío
nocturno y un vestido levemente acariciado en el balcón: susurran
que solo uno fue el instante, solo uno fue el beso, el nombre
del palpitar del corazón, solo uno, susurran
el antiguo estribillo: "no regreses, no, no regreses
a los lugares que ten han visto feliz."





Más poemas de Milo de Angelis en No-retornable aquí
Sobre Milo de Angelis en El trabajo de las horas


Imagen: www.poetryfoundation.org




Ma a volte, tornando, s'incontra l'ira dei morti / il pallido sconcerto delle strade che una volta / furono nostre e ringraziate, furono brivido notturno / e veste sfiorata nel balcone: bisbigliano / che solo uno fu l'istante, solo uno fu il bacio, il nome / dei batticuore, solo uno, bisbigliano / l'antico stornello: "non tornare, oh, non tornare / nei luoghi che tu hanno visto felice." 



29/8/2014

Poeta social

La próxima vez que vea al mismo poeta en fotos de abrazos y sonrisas, en todo acontecimiento poético (social) que se desarrolle en la ciudad de Buenos Aires o en el interior del país, grito.

27/8/2014

Julio Cortázar



Poema





Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores  blanquísimos donde se juegan las fuentes
       de la luz,
te discuto a cada hombre, te arranco con delicadez de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás  de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Toda mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte,  así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.


Además te quiero, y hace tiempo y frío. 




De: "Veredas de Buenos Aires y otros poemas", Compañía Editora Espasa Calpe, 1995
Otros poemas de Julio Cortázar, aquí

Imagen:www.lomioesviajar.wordpress.com



Queremos tanto a Cortázar


23/8/2014

Louise Glück


Madre e Hijo





Somos todos soñadores; no sabemos quiénes somos.

Alguna máquina nos hizo, máquina del mundo, la familia constrictora.
Luego de nuevo al mundo, lustrados por suaves látigos.

Soñamos; no recordamos.

Máquina de la familia: pelaje oscuro, bosques del cuerpo de la madre.
Máquina de la madre: ciudad blanca dentro de ella.

Y antes de eso: tierra y agua.
Musgo entre las rocas, trozos de hojas y pasto.

Y antes, células en una gran oscuridad.
Y antes de eso, el mundo velado.

Es por eso que naciste: para silenciarme.
Células de mi madre y padre, es vuestro turno
de ser fundamental, ser la obra maestra.

Improvisé, nunca recordé.
Ahora es tu turno de ser conducida,
sos la que demanda saber:

¿Por qué sufro? ¿Por qué soy ignorante?
Células en una gran oscuridad. Alguna máquina nos hizo

Es su turno de abordarlo, volver a preguntar
¿para qué soy? ¿para qué soy?



Mother and Child





We’re all dreamers; we don’t know who we are.
Some machine made us; machine of the world, the constricting family.
Then back to the world, polished by soft whips.

We dream; we don’t remember.

Machine of the family: dark fur, forests of the mother’s body.
Machine of the mother: white city inside her.

And before that: earth and water.
Moss between rocks, pieces of leaves and grass.

And before, cells in a great darkness.
And before that, the veiled world.

This is why you were born: to silence me.
Cells of my mother and father, it is your turn
to be pivotal, to be the masterpiece.

I improvised; I never remembered.
Now it’s your turn to be driven;
you’re the one who demands to know:

Why do I suffer? Why am I ignorant?
Cells in a great darkness. Some machine made us;
it is your turn to address it, to go back asking
what am I for? What am I for?



"Mother and Child" by Louise Glück, from The Seven Ages. 


Versión: Marina Kohon
Otros poemas de Louise Glück, aquí

Imagen: www.pw.org



22/8/2014

Natalia Romero

Película





El dique está casi vacío
este verano
y el sol me guía
por la marca que deja
sobre el agua, esos brillos
como chispas en la superficie
marcan la profundidad.
Me acuerdo
de la película que vi
la noche antes del viaje.
El actor contaba los años
que su hijo viviría
sin él
después de su muerte.
No quiero pensarlo
pero lo pienso:
cuántos son los años
que ya vivo sin vos
cuántos me quedan
sin nombrarte más.
Podríamos haber venido alguna vez
a esta casa.
A veces, hago como si habláramos
por teléfono.
Te cuento que te encantaría
cómo quedó la zona
tan arbolada
y tranquila en esta época.
Te cuento de los frutos nuevos
del ciruelo
del ceibo que se secó en la esquina.
Es extraño no recordar un tono
en la distancia de la voz.
El agua me llega a la cintura
me estiro, sumergida
todos los sonidos
forman un mismo cuerpo.





Aguacero





Cuando pasamos el río Sauce Grande
la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa,
hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio
en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo.
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los vi.
Había olor a mar.





Natalia Romero nació el 21 de Febrero de 1985 en la ciudad de Bahía Blanca. Vive en Buenos Aires desde el 2004. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Asistió al taller de poesía de Romina Freschi. Estudió dramaturgia y teatro con Matías Feldman.
Hoy asiste al taller de poesía de Osvaldo Bossi y forma parte del grupo que organiza el ciclo de lecturas El Rayo Verde. Junto a Maximiliano Cosentino lleva adelante el ciclo de lectura y diálogo con escritores Necesito oler limón.
Dicta talleres de escritura y poesía y coordina un taller especial de escritura creativa junto a Verónica Yattah.
Dirige la librería virtual A Cien Metros de la Orilla, www.acienmetroscom.ar
Sus poemas fueron publicados en plaquetas, antologías, revistas y blogs. Publicó su primer libro de poesía Elijo (2011). Algunos de sus poemas pueden leerse en www.todaslascostas.blogspot.com.

Imagen: Facebook 


19/8/2014

Osvaldo Aguirre



Sociedad





   Un par de conejos
que trajo el tío
fue el principio
de un gran negocio.
   En las vacaciones,
con el primo
armaron una hilera
de jaulas y se turnaron
para darles de comer
y hacer de serenos.

   Llegaron a tener
cien conejos:
una vez los contaron.

      Todo el mundo,
en el pueblo, conocía
el criadero,
y cada santo día
era un desfile, caían
al campo a buscar
cantidad y precio.
   
        Con el primo
sacaban cuentas
y guardaban la plata,
monedas de uno,
cinco y diez centavos,
en una caja de grageas
para la tos.
                      El olor
a mentol los hacía
pensar en conejos,
en pan remojado,
en zorros al acecho.
         Y en la bolsa
que escondían
bajo la baldosa floja
de la despensa.





No me hagas acordar





Habíamos esperado
tanto, el campo
arado de grietas
y pasto como piedra
para dejar sin dientes
a la yegua, daban
ganas de llorar.
Prendíamos velas
a Dios y a los santos,
y a la pobre nona,
en el paso de la cocina
a las piezas.
Pero no había caso.

Los perros, afligidos,
eran piel y hueso:
no me hagas acordar.

Y en el pueblo
los que sabían todo,
ah, las lengua largas
y los mandados hacer
leían en la bosta,
las nubes o el fuego
donde ponían la marca,
bah, total, no les iban
a cobrar el aire:
algo nunca visto,
bolaceaban,
las pruebas atómicas,
el cometa, Nostradamus
y otra gente que trae yeta.

Con la amargura
yo no llevaba
el menor apunte,
hacía la parte de pavo,
iba dormido. Y cuando vi
que viento norte,
la tierra en la ropa
puesta a secar,
el remolino de tierra
y hojas en el corredor,
el cielo que se venía
abajo y era de tierra,
salí a recibir
para que la visita
supiera cuánto, cuánto
habíamos discutido,
que forma de renegar
con la radio
-“para hoy se espera,
mañana sin falta”,
puras macanas-
y no se fuera,
como las otras,
a la misma mierda.





Abracadabra





El tío Antonio
mostraba su mano
izquierda estirada,
pedía unos segundos
de concentración,
atención al silencio
y patas de cabra,
partía el índice
en dos, podíamos verlo
con nuestros ojos,
el dedo se movía solo,
oh. Pero no le dolía,
era magia

y la mano tenía
uno dos tres cuatro
cinco dedos
al abrirse de nuevo,
con una moneda
que se transformaba
en caramelos.

Quesequede,
decíamos, en el patio
de la luna y los escuerzos,
y más claro agua:
otra, quesequede.
Si le daban un mazo
adivinaba qué carta,
abracadabra,
y un pañuelo blanco
se convertía en otro
largo y de colores.
Quesequede, otra,
otra, pero la familia
esperaba en la cocina,
o reunida alrededor
del asador, para hablar
de cosas aburridas.





La copa Benito Palmaz
(según El Informe de Barlett)





En la primera fecha
Unión de Cepeda,
con la ayuda del árbitro,
el viejo que andaba
de sereno en el galpón
del ferrocarril,
pudo vencer al conjunto
de Sportivo Agrario,
el rojiblanco.
Social Atlético Barlett,
el local, quedó libre.

Estaba en disputa
la copa donada
por Benito Palmaz
a beneficio
del chico Maturano,
más muerto que vivo
en un hospital de Rosario.

Social Atlético se había
reforzado –un arquero,
un cinco y un nueve
que venían por la soja,
con las máquinas-
y el gringo Fioramonti
echaba pestes: querían
que fuera suplente,
él, que llevaba años
con la casaca a rayas
rojas y verdes

y no hubo quién
nadie pudo ni quiso
quién le llevaría el apunte
cuando el árbitro
hizo sonar el silbato
y señaló el centro,
decretando, señoras
y señores, el empate
de Social Atlético,
con sus refuerzos,
y Agrario, un rejunte
de muertos de hambre
y peones de la cosecha.

En la tercera y última
fecha salió otra vez
el sereno del ferrocarril
sorteado como árbitro.
Y apenas comenzó
el juego, quedó claro
que estaba comprado:
ellos pegaban,
y los fules eran nuestros;
ellos de vigilantes,
y el nueve nuestro,
un grandote que estaba
en las nubes,
quedaba fuera de juego;
“penal, penal”, gritaba
hasta el gringo Fioramonti
cuando cruzaban al diez,
que era bueno, y cobraba
en nuestro arco:

pero el negrito
que se había puesto
los guantes era un gato,
como si un elástico
y se quedó con el tiro
del capitán de ellos,
un veterano que venía
de la liga de Pergamino
y jugaba sin moverse
de media cancha.

El sereno, a lo mejor
por una botella de vino
barato, por una botella
de vino barato, el gringo
se cortaba las manos,
emperrado
veía otro partido.
Detrás del alambrado,
tapado de carteles
de la Unión Comunal,
volaban puteadas
y gargajos. La cosa
pasaba de castaño
oscuro, “escándalo”,
dijo el presidente
Rufino Tisera
a El Informe de Barlett.
Pero el borracho no pudo
evitar que el nueve
bajara de las nubes,
cuando la hinchada
de Cepeda festejaba,
y metiera un cabezazo
directo al ángulo.

El viejo Maturano
entregó la copa
Palmaz al capitán
de Social Atlético
y gracias a la colecta
de las entradas
sacaron volando al chico
del hospital
donde querían matarlo.





De: Si llueve porque llueve y si no llueve porque no llueve (inédito)




En el cementerio de Juan B. Molina




I


Dios
no te castigó,
ni caíste
fulminada
por un rayo,
como pedías,
en caso de decir
una mentira.

Todos los muertos
fueron testigos.


II


Salieron
de las celdillas
atontadas
por el efecto
del insecticida.
El nido quedó
por el piso, polvo
en el ladrillo
molido.

No pudieron
hacer nada.
Eran tres o cuatro
rojas y negras,
y entre ellas
una reina destronada
a escobazos limpios
y patadas.


III


Esta es la primera
foto, en el cajón
de sus restos.
No lo imaginaba
de ninguna manera
y cualquier otra
imagen hubiera sido
una sorpresa.
Pero se trata
de ésta y me cuesta
dar con el aire
de familia. Tal vez
la forma de mirar,
esa reserva
con la que se pegó
un tiro en la cabeza
cuando lo esperaban
en la mesa.




Osvaldo Aguirre (1964, Colón, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: http://lasvueltasdelcamino.blogspot.com.ar/

Imagen: www.vientodelsurlluviadeabril.blogspot.com



17/8/2014

Osvaldo Costiglia























Domingo





Viaje hacia atrás del cráneo,
donde las manos entrelazadas,
reponen la respiración del domingo
a esta cabeza en acecho,
moviéndose hacia la calma
de su final.
Así, de tanto en tanto
miro lo que el tiempo abandona
y no digo nada
que pueda apartarme
del roce lento y pausado de la vida.
Si tengo miedo, es que hay
paisajes donde ni siquiera puedo sentir
el paso de las sombras.
Tiento así, con los dedos, dos líneas de arena
y trazo la transversal.
No es cierto que la geometría tranquiliza.
El viento en los labios, tiembla,
y desocupa el día.





Rimbaud se despierta en Harrar





la boca que no emitió ya verso alguno
la mano que se llevó sus anillos
por caminos calcinados
trocando la luz de las iluminaciones
por aquella de Abisinia
la mirada perdida
terminó allí ese cruzado de la lucidez
que se vió una temporada en las llanuras suavas,
en Bizancio o en las hechicerías profanas
de las ternuras por el crucificado
un leproso sentado contra un muro roído por el sol
ahora no sabe que preguntar al lastimoso hermano
replegado en la hendidura
que nunca más nombró
en esta insólita mañana helada
cuando siente que lo llama el jefe de los caravaneros.





Osvaldo Costiglia (1940, Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina)
Fuente: www.confinesdigital.com

Imagen: www.intercuerpos.blogspot.com



15/8/2014

Romina Cazón, poemas inéditos

La misma sangre





I


Hace un año mi amante cayó a mi casa
yo a sus pantalones.
Hicimos un riachuelo
mas nadie se ahogó
Antes, me habría gustado  darle
un buen arroz con milanesa
la servilleta y su copa de vino.
Sentarnos para pensar seriamente
en el lugar de los muebles
y en el color de la recámara.
Preguntarle por ejemplo por sus tenis
Indagar su tamaño. Desmenuzarlo,
para no caer tan obviamente 
rendida a las sábanas.


II


Mi nombre es ninguno.
Soy una hembra flexible
y a menudo digo si
cuando se trata de destapar un vino o ir a la cama
Camino lento
no obstante 
siempre llego a donde me esperan.


III


Al salir  de misa me patearon la  cara
el muslo y el estómago.
No hubo Dios para mí, pero sí un cuaderno.
Escribí una historia tan siniestra
que no me atreví a leerla.
Pronto supe que para morir en armonía
era pasando horas en vela
dándole la mano a  la pluma
y hacer que corra la misma sangre.


IV


Mi tarea no radica en escribir
si no en adueñarme de la realidad.
Yo muevo los objetos
de la cocina
y sé dónde hallarlos
y para qué sirven
Sé que esos objetos
probablemente irían al baño conmigo
y tendrían sexo si así lo quisiera.
Puesto que cuando la pluma cae 
alguien puede ser poeta.


V


La voz
es una escalera lúgubre
un pasillo que no se encuentra
cuando es necesario salir de casa.
Mi voz no tiene que ver con Nazareno,
pero está en el reloj de mano 
y en el vientre de una mujer
que busca consuelo en el altar.
Mi voz es la que deambula en la calle
y nombra objetos que no conozco.


VI


Creo en Guadalupe
mientras ella  no  mire el escote que tiene mi camisa
y esta manía de tener una pluma 
en la bolsa del mercado
A ella le dejo cartas
mis lunares
todos mis sábados
con olor a caña 
y unos centavos.


VII


Salgo a la banqueta,
en mis hombros llevo zapatos de anciana.
Voy hacia el kiosco a meditar
acto que no hago comúnmente
salvo cuando  peligra un brazo
Magdalena  o mi amante.
Enciendo un cigarro y observo la gente que pasa
que ni siquiera sabe
que contamino el ambiente


VIII


Guadalupe,  te encuentro en el lodo
y en el librero 
Lentamente todo evoluciona
pero es un camino confiable
para llevar la vestimenta
a otra estancia
y temporalmente cantar 
hasta que la piel sea otra.


IX



La imagen para mi religión ha muerto
el día de mi cumpleaños.
Sólo tengo en  la memoria
un velorio sin plegarias
Yo no recé para no usar vocablos gastados
Me  fui a dormir pronto
y en la madrugada 
la casa estaba vacía.


X


Odio la cruz de Cristo
porque remite a la suciedad
de uñas estúpidas
Remite a la ignorancia
de un viernes luctuoso
en que nadie pudo llorar
porque la lágrima no servía 
como tampoco sirve mirarse adentro 
para hallar la paz.


XI


Encontré la paz en un espejo
cuando era de noche
y yo coqueteaba con mi vino espumoso
y mi cabello.  
La resaca locamente venía hacia a mi
mientras yo me balanceaba
en los azulejos de la casa
y  pensaba
en que por fin debía dormir.


XII


Mi mano es una  dalia
que  proviene  de una mujer 
que no concilia con el sueño ni la luna.
Mis plegarias  oportunamente se acercan a ti 
y surgen de la necesidad de abrir los pulmones 
y exhalar  vocablos.


XIII


La historia se cierra
en los labios 
en un sábado sin gloria
con mis gatos en las piernas
y el timbre del teléfono
con un número equivocado.
No concluye  el acto,
tampoco  la carne.
Puntual es la hora en que dejo mi cuaderno
para ir a cenar.


Canto  del libro inédito: La mujer de Nazareno


Romina Cazón, escritora, artista audio-visual y promotora cultural. (Argentina, 1981). Actualmente reside en Querétaro, México. Sus textos se hallan parcialmente publicados en antologías, como también en revistas impresas y digitales de Latinoamérica y Europa.
Es autora de Con mis uñas de gata (poesía japonesa, 2008), Patria Ajena (poesía 2010),  Del fondo de ningún vientre (poesía, 2012) y De sus piernas en  mi cuello (cuentos, 2013)  Artefatuo (poesía visual, 2014), Material On /Off (poesía visual, ebook, 2014)
Compiladora de  Panorama de la poesía mexicana (poesía reunida de 69 poetas, 2009 Ediciones el Humo) 
Dirige la revista de arte y cultura, El humo (www.revistaelhumo.com) y ZONA NO VERBAL (www.zonanoverbal.blogspot.mx)  Es responsable de Ediciones El humo,  colección poética Ojo Cautivo

Imagen: propiedad de la autora