15 de abril de 2018

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Nicolás García Sáez

Poesía argentina


Termópilas 




Tengo el cuerpo de Leónidas en las Termópilas
lacónico entre los jardines menos temblorosos de Esparta
claros y luces estoicas de aquel verano un poco rabioso (la duda es barroca)
los soldados se mueven, llevan uvas, espadas 
los periceos asisten al fogón celebrado a orillas del Eurotas
ya habrán notado la movilidad que tienen las damas frente al David 
de mil ocho catorce

Se cuelan entre los céfiros las melodías de pantanos remotos
los siervos aplauden tibiamente
trueques o descuentos
(gritos de comercio) 
no le hacen jaque al agujero

Desde el cielo: La Maravilla
el cabo y el rabo de Italia
Grecia, Albania
del Jónico al Boreo

De curso, de cuenca
Cabo Karagol en Corfú
Cantabria, Epiro, el Peloponeso
y allí
abajo
si
otra vez las Termópilas




Evolución 




Aquello partió 
bajo la sombra del ombú
con un sapo
y su bella rana
reposando para siempre en el jardín

hubo un gato
con diminutivo célebre
que llegó un día
y al otro se fue
rompiendo pedazos de mi corazón

hubo un axolotl
que en pocos meses
regeneró sus piernas (amputadas)
y se deslizó bajo el barro
de una barca oscura mexicana

hubo un lémur negro
que mordió a un gusano
envenenado
equivocado
para alucinar con el cianuro en las alturas de un baobab

hubo un mono loco con cóctel
de alcohol frutado
con la espuma en la boca
de un puercoespín
hubo un reno buscando un hongo bajo la nieve

hubo, si, un delfín amarillo
que se adhirió 
también
a mi piel
para multiplicar sus voces

de puntos cardinales
para armar
en una sola pieza, a un animal fabuloso
aquel 
El Único, esencial 
cubierto por el recuerdo de todos los demás




Un perro 




Hay un viejo blues de Pink Floyd
en el que un perro ladra, canta
despierta amaneceres, el mar
y un sol uruguayo

aquel cachorro manso
parecido a un esqueleto
desterrado del campo seco
el hambre y el fracaso

gris, nublado, liberado
no es azul, es luminoso
las olas mueren y allí está
el perro de mi infancia encerrado en la ciudad

recuerdo a otro, ese valiente
un perro insoportable
que quiso ser el dueño de un barrio serrano
y lo pagó muy caro, con un escopetazo cobarde

recuerdo al montón de hijos hambrientos
que aquel tonto ingenuo 
tuvo con la perra, que a las cuatro de la mañana 
viene a pedir comida a mi casa

perros antes, nunca se pierden, o después 
ahora veo
a mi amigo más fiel 
siendo él, tan glotón
reencarnando, gordo y satisfecho, a todos los demás




Latina




Me conmuevo entre las piedras tan extrañas
con espinas que no pinchan
orgullo férreo y duro
que de tanto se hace etéreo
irrompible/tan sensible
con las sombras del perdón

Ante la mera mención de América Latina
la piedra se irrita
incomoda su letargo
que no tiene perspectiva
ni pasión

Y sin embargo (o tal vez por eso) la lloro
epifanía triste que sabe
que esa misma piedra
es tan América
y Latina
como yo




POEMA QUE PUDO HABER SOÑADO EL TITANIC EN EL FONDO HELADO DEL MAR, LA NOCHE DEL 31 DE DICIEMBRE, CUANDO TODO EL MUNDO FESTEJABA EL CAMBIO DE MILENIO




Ya han pasado más de ochenta años
en los que pasé de ser
el Monumento al Encanto
a esta ruina partida, perdida
tristísima, abandonada
oscura, siniestra
y llena de fantasmas

Desde aquí abajo, esta noche, yo juro
que dentro de ochenta años exactos
gracias a las bacterias
los submarinos cleptómanos
y toda la ayuda de mi deterioro
no seré entre el agua un fracaso
ni dentro de mi vergüenza un fantasma




POEMA QUE PUDIERON HABER SOÑADO LAS AGUAS DEL SUPER KAMIOKANDE EL 12 DE NOVIEMBRE DE 2001, LUEGO DE LA IMPLOSIÓN DE MILES DE TUBOS FOTOMULTIPLICADORES




Neutrino, hijo del Sol, veloz como la misma luz
elemento oscuro a lo largo y ancho del Universo
testigo del colapso moribundo de todas las estrellas
rebelde o ameno, extraño cómplice de la relatividad 
entre práctica y teoría comulgaste por fin como materia

Sumidero de tantas energías arrojando entre supernovas
tu aura, la del mínimo eterno, cambiando el sabor del vacío
tauónico, muónico, electrónico, alquimia de las antipartículas
compartimos tu humor esta noche entre los cristales que flotan
y las miles de astillas, hundiéndose muy lentamente hacia el fondo




Epifanía número 12




Los poemas de Paul Eluard sólo resonaban dentro de ella cuando se encontraba inmersa en el agua. Apenas respiraba y ponía un pie en la superficie todo se volvía impreciso, o, por el contrario, demasiado preciso y los versos más exquisitos del galo rebelde (primer esposo de la Gala daliniana) parecían perderse en algún lugar remoto de sus recuerdos, que allí, bajo el sol ardiente o alguna nube gris e incluso, a menudo, bajo la luz de la luna, se deshacían tal como lo hacen todas las olas que abrigan a los siete mares.




Epifanía número 22




Estábamos en el cielo, volando con esos trajes pomposos que utilizan los paracaidistas para esos menesteres. El detalle era que no teníamos paracaídas. Alguien nos desplazaba (y aquí el verbo ¨desplazar¨ como sinónimo de expulsar) luego de haber dormido, no en un avión, sino en alguna tapera inspirada en “Los Olvidados” de Buñuel. Podíamos sentir la inmensidad y el vértigo, la altura, decenas de miles de metros bajo nuestros pies. Todo era brillante, luminoso, celeste y borroso. Había algo muy bello y angustiante al mismo tiempo conviviendo entre nosotros. Adrenalina pura. Yo me olvidé de eso cuando, de la nada, apareció un fotógrafo volador, también con el traje de pájaro falso y ostentoso, sin paracaídas, que anunció:
 -Digan whisky, por favor.





Nicolás García Sáez (1970, Buenos Aires, Argentina) 

31 de marzo de 2018

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Simone Cattaneo



Poetas italianos


Demasiado lindo para ser un boxeador,
demasiado feo para ser chulo
caminaba en el centro de Buccinasco
sin trabajo y repleto de plata
esperando la hora del aperitivo
cuando me sube la gana de hacerme leer las cartas por la vieja bruja del vecindario.
En realidad sus tarot no son más que
pedazos de bebidas arrancadas con los dientes pero al final uno se las arregla con lo que se puede.
Pasado un billete de veinte a la vieja le pregunto brutal
cuando moriré, elle me sonríe y contesta pronto a los veintisiete cumplidos.
Le informo de mis veintinueve y mi anciana bruja de Buccinasco me
conforta diciéndome, mira entonces eres un hombre afortunado.
El dinero mejor gastado en los últimos diez años.

30 de marzo de 2018

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Jacobo Fijman

Poesía argentina




Yo estaba muerto bajo los grandes soles, bajo
los grandes soles fríos. 
A través de mi llanto
oigo el agrio sudor de la precocidad. 
Yo vuelvo sobre un musgo
y las ciudades crecen a la aventura hasta la noche
del estupor.
Miseria.
Dios pesa.
Me llaman vientos de mar.
Van y vienen en grandes cambios; se alargan en
saltos irritados
que apagan mi temblor, que exasperan los sueños.
Jamás podré seguir.
Yo me veo colgado como un cristo amarillo sobre
los vidrios pálidos del mundo



Jacobo Fijman (1898, Orhei, Moldavia / 1970, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: 

25 de marzo de 2018

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Ted Berrigan

Poesía beatnik



LXXVI             




Me despierto con dolor de espalda por la cama blanda Pat
se fue al trabajo Ron a clases (yo
nunca escuché ningún sonido) es mi cumpleaños. Me pongo
los pantalones de cumpleaños la camisa de cumpleaños  voy a ADAM’S compro una
pepsi para el desayuno vuelvo a casa la tomo tomo una pastilla
Estoy colocado. Hago tres lecciones de griego
para compensar la clase que falté. Leo un libro de cumpleaños
(de Joe) sobre Juan Gris su nombre verdadero José Vittoriano
Gonzáles me detengo a la mitad leo todos
mis poemas me regodeo un poco en una nueva balada rápido evito los viejos
sonetos imitaciones de Shakespeare. Vuelvo a los libros. Leo
poemas de Auden Spenser Pound Stevens y Frank O’ Hara.
Odio los libros.
Me pregunto si Jan, Helen o Babe
alguna vez piensan en mí. Me pregunto si Dave Bearden todavía
me tiene rechazo. Me pregunto si la gente habla de mí
en secreto. Me pregunto si soy demasiado viejo. Me pregunto si me engaño
con las pastillas. Me pregunto qué hay en la heladera. Me pregunto
si Ron o Pat compraron esta mañana papel higiénico .




Despedida



para Costa


nunca son como en las películas
en las películas dicen antes algo importante
siempre
uno se queda y el otro se va
despacio
con un gesto triste
(mirar por encima del hombro, atarse los cordones
llamar a un taxi)
cuando la figura ya es diminuta y está fuera de foco
justo antes de doblar en alguna esquina
y desaparecer
nunca se putean antes
y cuando uno se va dando un portazo
el otro se queda mirando la puerta como si algo fuera a pasar
nunca nada interrumpe la imagen
en las películas
una chica nunca desaparece para siempre
al borde de la escalera del aeropuerto
entre dos hippies y una familia de gordos
segundos después de esquivar tu beso mientras te dice
no te olvides de lavar la ropa
por favor, Ted.




Ted Berrigan(1934, Providence / 1983, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Patricio Grinberg

Imagen: Poetry Foundation

23 de marzo de 2018

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Roberto Valdivia

Encontré el rostro de yisuscraist en una tostada



las cosas que había querido decir no eran exactamente las cosas que estaba diciendo
de igual manera que la celebración de un gol no tiene ningún parecido al gol
o el significado con el significante
mi lengua se convirtió en un lugar de desvío

17 de marzo de 2018

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Kenneth Koch

Poemas de Kenneth Koch en español

Destino




En una habitación de la calle West Tenth en junio
De mil novecientos cincuenta y uno, Frank O’Hara y yo
Y Larry Rivers (de hecho no recuerdo
Si Larry estaba ahí, pero iba a estar ahí
Más tarde, una noche de invierno, en las escaleras
Sentado esperando, “una llamada histérica”

16 de marzo de 2018

14 de marzo de 2018

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Diane di Prima

EL POETA OCASIONAL

Ella es el viento...




ella es el viento que nunca dejas atrás
el gato negro que mataste en un terreno baldío, es
olor a hierba de verano, la que se esconde
en abiertos armarios infantiles, tose
en la habitación de al lado, ulula, anida en tu pelo
es un íncubo
un rostro en la ventana
ella es
la arpía en tu escalera de incendios, una figura de mármol
tallada en la repisa de la chimenea.
Es una cornucopia
que se lamenta por la noche, el abrazo de la muerte
del que no puedes librarte, límpidos ojos negros
de niñas dementes que cantan villancicos detrás de una red, es
el silbido en tus adioses.
Grano negro en verde jade, sonido
de un koto* silencioso, es
un tapiz quemado
en tu cerebro, el ardiente velo
de plumas que te lleva desde las colinas
cuando bajas corriendo en llamas
hacia el negro mar



She is the wind...



she is the wind you never leave behind
black cat you killed in empty lot, she is
smell of the summer weeds, the one who lurks
in open childhood closets, she coughs
in the next room, hoots, nests in your hair
she is incubus
face at the window
she is 
harpy on your fire-escape, marble figurine
carved in the mantlepiece.
She is cornucopia 
that wails in the night, deathgrip
you cannot cut away, black limpid eyes
of mad girls singing carols behind mesh, she is
the hiss in your goodbyes.
Black grain in green jade, sound
from the silent koto, she is
tapestry burned
in your brain, the fiery cloak
of feathers carries you
off hills 
when you run flaming
down
to the black sea



Diane di Prima (1934, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Jonio González
 Enlaces: 
(*) Koto: es un instrumento hecho de madera con 13 cuerdas de diferente tamaño, pertenece a la familia de la guitarra

11 de marzo de 2018

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Laura Ponce

Vivimos en el Borde de las Cosas




Vivimos en el borde de las cosas
buscando vanamente no tocar el dolor.
Creemos que los bordes son una suerte
de corredor / esa distancia que nos pone a salvo.
Lo cierto es que en los bordes reside la tiranía de las cosas;
ellas ejercen allí y sólo desde allí
su pequeño y mortífero poder:
obligarnos a seguir su forma.
Corro a la par de la sombra de un pájaro que vuela:
no soy pájaro, no soy sombra/ apenas
me sujeto a la plumosa decisión de un ala,
al vaivén azaroso de la luz.
¡Si yo pudiera entrar en el temido corazón de la cosas!






Laura Ponce (1964, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)










10 de marzo de 2018

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Mercedes Álvarez


Por mi manía de remendar siempre la ropa
me abandonaron muchos hombres
por coser los agujeros de las medias
por pegar coderas en mis pulóvers
y no desprenderme de mis atuendos
-a veces casi harapos-.
Querían comprarme blusas, faldas
un vestido nuevo pero yo desconfiaba
pensaba
que querían sorprenderme
a medio vestir
en el probador de una tienda
o calzarme el zapato como a Cenicienta
y yo quería ser Santa Clara
y aferrarme al orden natural de las cosas.
Tardé años en entender.
Pero nunca dejé que me vistieran.





//




No sé si soportare la traición del tiempo
mi voz partiéndome la cara
¿me oís?
estás tan lejos que yo soy cuenco soy brasa soy ceniza
no aprendo nada
y al mismo tiempo aprendo todo.
Me sostengo sobre lo encendido
pero también sobre lo apagado.
Me hablaste de esperas
¿sabías realmente de eso
o simplemente te dabas una idea?
Lo que creemos ser mira desde el cosmos
reclamando en un suspiro
la precariedad de todo lo creado.






Mercedes Álvarez (1979, Tandil, Buenos Aires, Argentina)









9 de marzo de 2018

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Claude Roy

Las preocupaciones del cielo




El cielo aprende de memoria los colores de la mañana
El techo gris el árbol verde el trigo rubio el gato negro
No tiene memoria cuenta con los dedos de las manos
El techo rubio el árbol gris el trigo negro el gato verde


24 de febrero de 2018

23 de febrero de 2018

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Juan José Rodinás

Poesía latinoamericana


Teorema de la bolsa de compras 





La vida es esa lotería donde todos pierden. 

Un hipódromo en tu cerebro- 
y le apuestas siempre al caballo incorrecto. 
La vida llama por teléfono y le contestas en un país remoto. 
No respiras sino en esta línea invisible que va de un eucalipto a otro. 
Y no entiendo qué significa eso. 
Los niños comen sin hablar, ni sentir. 
Hay una casa dentro de la casa. 

18 de febrero de 2018

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Mary Oliver

Poetas norteamericanas


Cómo es con nosotros, y cómo es con ellos




Nos volvemos religiosos,
luego nos alejamos de eso,
luego estamos necesitados y quizás volvemos atrás.
Nos dedicamos a hacer dinero,
luego nos volvemos a la vida moral,
luego pensamos de nuevo en el dinero.
Conocemos personas maravillosas, pero las perdemos
                      por nuestros negocios.
Estamos, como dice el refrán, en todas partes.
La constancia, al parecer,
tiene más que ver con los perros que con nosotros.
Una de las razones por las que los queremos tanto.


16 de febrero de 2018

13 de febrero de 2018

8 de febrero de 2018

5 de febrero de 2018

4 de febrero de 2018

1 de febrero de 2018

24 de enero de 2018

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Sonja Åkesson



Poesía sueca


Una carta


¡Hasse!
¡Hans Evert!
¿Te acuerdas de mí?
No fui tu primera chica
claro
pero tu fuiste mi primer chico.
Ibas constantemente en la bici, una Rambler,
y llevabas la gorra en la nuca
y yo iba en la barra con mi abrigo rojo
y a veces en la parrilla.